“Nada más cierras los ojos —dijo, sin abrirlos— y haces de tu marido lo que más te apetezca, una estrella del cine, el marido de tu mejor amiga o el mejor amigo de tu marido (…). A quien tú quieras, para quererlo de distinto modo y no te aburres nunca. El único riesgo es que al final se te noten las nubes en la cara. Pero eso es fácil evitarlo, porque las espantas con las manos y vuelves a besar a tu marido que seguro te quiere como si fueras Greta Garbo, o la adolescente que florece en la casa de junto. Besas a tu marido y te vas al mercado o a dejar a los niños en el colegio. Besas a tu marido, te acurrucas contra él en las noches de peligro, y te dejas soñar...”
Mujeres de Ojos Grandes; Ángeles Mastretta
En el juego de la sexualidad una de las variantes más inconfesables es la de las fantasías, las hay desde las más supuestamente inocentes hasta las más aparentemente obscenas o imposibles ¿Quién no ha fantaseado?
Las fantasías sexuales exaltan los sentidos, avivan el deseo, introducen variantes, incitan, sonrojan, unen, separan.
La mente es el órgano sexual más sensible, todo empieza en la imaginación y se ve exacerbado a través de los sentidos. El pensamiento humano no distingue entre la realidad y la fantasía no hay diferencia para nuestro cerebro entre lo que es real y los anhelos y desvaríos, ¿lo que ocurre en nuestra imaginación podría satisfacer nuestros deseos y sentidos?
Dice el diccionario Erótico de J. Camilo Cela, que las fantasías sexuales son diferentes entre hombres y mujeres, que por un lado las mujeres solemos fantasear con situaciones ya vistas, vividas y/o conocidas; en cambio los hombres, dice, sueñan con situaciones extremas, extrañas, que le coloquen en riesgo o imposibles. Lejos de cuestiones de feminismo, desigualdad o techos de cristal, ¿tú qué opinas?
Una fantasía prepara el terreno, el juego comienza desde que piensas el qué, el cómo, el cuándo, el donde, con quién o quienes… y la llevamos a cabo o nos frustramos, y la compartimos o nos callamos, y la vivimos tal cual la pensamos o la adaptamos.
No siempre nuestras fantasías se pueden realizar, a veces son tan sencillas como imaginar al objeto de nuestro deseo en una situación determinada y eso solo basta para exacerbar nuestro deseo e imaginación; pero a veces las fantasías tienen más dificultades técnicas o humanas, y si conocemos nuestros deseos seremos capaces de plantearlas dentro del juego o rechazar las ajenas si sentimos que van más allá de lo que queremos o podemos aceptar.
¿Cuáles son aceptables y cuáles no?, en el sexo todo es válido, siempre y cuando haya beneplácito y conformidad por parte de los participantes (es decir, los participantes tendrán plena conciencia y conocimiento de su intervención), el juego se divertido para todos los que participen, no vulnere tus deseos o límites, y resulte placentero; entonces, no existen fantasías correctas y fantasías incorrectas.
En el Sexo Consciente, pretendemos estar allí, presentes en cuerpo, mente y espíritu; y respirar con el otro (o los otros), y mirar, y sentir y compartir el aquí y el ahora, por ello la tradición sugiere no fantasear mientras compartimos nuestra intimidad en el acto sexual, sin embargo nos invita a fantasear antes de estar, preparar el ambiente, montar el escenario, disponer de aquello, que facilite que nuestros sueños puedan realizarse y compartirlos, y así no obsesionarnos, advertir que todas las fogosidades y los deseos han de ser admitidos como lo que son y no rechazarlos o negarlos ya que esto hace que su poderío aumente, recurrir a la pasión en lugar de eliminarla o forzarla, crecer, jugar, crear, vivir, amar…
Ixchel Francodíaz
Conductora de Talleres de Sexualidad
